Preguntas Fecuentes
“¿Qué pasa con todas las costumbres, tradiciones y trabajos que dependen del uso de animales?”
Chile ha demostrado ser un país moderno en su historia, siendo el primero en abolir las corridas de toros y las peleas de gallos, hace más de 150 años. Ya es momento de dar un paso más, y entrar al siglo XXI prohibiendo todos los espectáculos crueles con los animales, sean tradición o no.
El poner término a tradiciones que torturan animales implica una reconversión y reestructuración que es sólo un ingrediente en todo progreso social, y no una razón para impedir el desarrollo de una ética más elevada. Lo mismo fue necesario, por ejemplo, para la invención del automóvil y el fin de la Segunda Guerra Mundial.
“El rodeo es una tradición nacional. Estar contra el rodeo es estar contra nuestra identidad chilena.”
Una nación que asocia su cultura al cruel hábito de perseguir y lanzar embestidas a un ternero asustado, a reunirse y festejar en torno al tormento físico y psicológico que de común acuerdo le causan a un animal indefenso, y que tolera todo esto bajo la impostura de “tradición” y “cultura”, no puede más que ser una nación de naturaleza empobrecida, sin auténtica creación cultural, y de ética mediocre.
Los actos en donde se aplica violencia innecesaria contra un animal son claramente situaciones repudiables desde un punto de vista ético y por lo tanto, deberían ser catalogados como contrarias al progreso de nuestro propio país. Por lo mismo es que Bernardo O’Higgins erradicó las corridas de toros y peleas de gallos ya en 1823.
Por lo tanto, asumir que los animales –al igual que nosotros- son capaces de sentir dolor, no implica estar en contra de nuestra identidad chilena: por el contrario, esta consideración ética es una manifestación de nuestro desarrollo como ciudadanos más conscientes y respetuosos hacia otros seres igualmente capaces que nosotros de experimentar sufrimiento. No es casualidad entonces que a la mayor parte de los chilenos no le interesa el rodeo y menos aún practicarlo, siendo cada vez más creciente el rechazo a esta práctica cruel.
“Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales.” (Mahatma Gandhi).
Chile ha demostrado ser un país moderno en su historia, siendo el primero en abolir las corridas de toros y las peleas de gallos, hace más de 150 años. Ya es momento de dar un paso más, y entrar al siglo XXI prohibiendo demás espectáculos que aún son crueles con los animales.
La más auténtica cultura popular chilena, y nuestra historia así lo demuestra, se ha forjado con actos heroicos y gallardos, alejados del abuso, la arrogancia, la falta de respeto, el atropello y el arribismo. El maltrato que conlleva el rodeo no cumple ninguna de estas condiciones. Y si de tradición popular se trata, cuando la mayor expresión del rodeo recibe un nombre tan criollo, campesino y chileno como la palabra inglesa “Champion”, da para pensar.
“El rodeo es un deporte.”
Efectivamente, el rodeo se halla amparado legalmente al ser considerado como un deporte nacional, por la ley Nº 19.712 (1962). Sin embargo, el que una determinada actividad humana se enmarque dentro de lo que la ley define como “deporte” no implica, de modo alguno, que dicha actividad se halle sustraída de las regulaciones establecidas por el resto del ordenamiento jurídico como el que se tipifica en el artículo 291 bis del Código Penal que castiga el maltrato contra los animales.
El rodeo jamás ha sido considerado una disciplina olímpica, y no es ningún “deporte” torturar, perseguir y golpear una vaquilla confusa, psicológicamente atormentada y físicamente agotada y adolorida. Para el rodeo, términos como “deporte”, “tradición” o “cultura” son sólo eufemismos que ocultan el sometimiento a base del miedo, la crueldad y el abuso de poder a expensas de un animal indefenso que no tiene escapatoria.
“El rodeo es una muestra de valentía y de las destrezas del huaso criollo.”
Perseguir y golpear una vaquilla confusa, psicológicamente atormentada y físicamente agotada y adolorida difícilmente puede considerarse un acto de valentía y fortaleza.
Por otro lado, para el novillo debe ser la primera vez que participa en un rodeo, es decir lo mas inocente y joven posible para que no se rehúse a correr ni oponga dificultades a la collera. Para el rodeo, términos como “deporte”, “tradición” o “cultura” son sólo eufemismos que ocultan el sometimiento a base del miedo, la crueldad y el abuso de poder a expensas de un animal indefenso que no tiene escapatoria.
“A los novillos se los mantiene en excelentes condiciones y sólo corren una vez en el rodeo.”
Es verdad que al momento de ingresar al apiñadero los animales están en muy buenas condiciones físicas y con una excelente tipificación bovina. Pero tras ser “rematado” (apretón que recibe el novillo contra las quilchas) y finalizar su participación en la medialuna, su carne baja inmediatamente de categoría, consecuencia de contusiones en el tejido óseo y muscular.
El porqué los novillos se utilizan sólo en una oportunidad no tiene ninguna relación con una compasión hacia los animales: por el contrario, el novillo sólo corre una vez en un rodeo porque para la próxima ocasión se negará e impondría demasiadas dificultades a los jinetes -si es que el animal logró sobrevivir a los golpes y si se salvó luego de ser sacrificado.
“Si el rodeo estuviera mal, sería ilegal, ¿no es cierto?”
Legalidad no es garantía de moralidad. Quién tiene y quién no tiene derechos legales es determinado simplemente por la opinión de los legisladores actuales. La ley cambia cuando la opinión pública o las motivaciones políticas cambian, pero la ética no es tan arbitraria. Considere algunas de las otras cosas que en algún momento han sido legales, por ejemplo, la esclavitud humana y la opresión de la mujer.
“¿Por qué culparme? Si asisto al rodeo, yo no maltrato al novillo”.
No, pero usted contrató al maltratador. Cada vez que usted asiste a espectáculos donde se maltratan animales, como en el rodeo, significa que usted pagó por azotar y golpear innecesariamente a un animal, el que -al igual que los seres humanos- posee capacidad de sentir dolor.
“¿A qué se refiere cuando dice ‘los Derechos de los Animales’?”
Los “Derechos de los Animales” se refieren a que los animales merecen ciertas clases de consideraciones. Es decir, consideraciones sobre lo que es mejor para ellos, sin importar si son lindos, útiles para los humanos o especies en peligro de extinción y sin importar si algún humano se preocupa por ellos (tal como una persona con problemas mentales tiene derechos aunque no sea linda, útil, o aunque nadie le tenga simpatía). Esto significa reconocer que los animales no son nuestros para que los utilicemos como comida, vestimenta, entretenimiento o experimentación.
“¿Cuál es la diferencia entre los ‘derechos del animal’ y el ‘bienestar del animal’?”
Las teorías sobre el “bienestar del animal” aceptan que los animales tengan intereses, pero permiten que estos intereses sean canjeados en la medida en que hayan algunos beneficios para la humanidad que se crea justifican tal sacrificio. Los “derechos del animal” se refieren a que los animales, al igual que los humanos, tienen intereses que no pueden ser sacrificados o canjeados sólo porque podrían beneficiar a otros. Sin embargo, la posición de los derechos no sostiene que ellos sean absolutos; los derechos de un animal, al igual que aquellos de los humanos, deben ser limitados y los derechos pueden, desde luego, entrar en conflicto con los derechos de otros.
Los “derechos del animal” indican que los animales no son nuestros para ser utilizados como comida, ropa, entretenimiento o experimentación. El bienestar del animal permite estos usos en la medida que se sigan ciertas pautas “humanitarias”.
“¿Qué derechos deberían tener los animales?”
Los animales tienen derecho a la igualdad en la consideración de sus intereses. Por ejemplo, un perro seguramente tiene interés de que no se le inflija dolor innecesariamente. Nosotros, por lo tanto, estamos obligados a considerar ese interés y respetar el derecho del perro de que no se le cause dolor innecesariamente. Sin embargo, los animales no siempre tienen los mismos derechos que los humanos porque sus intereses no son siempre los mismos que los nuestros y porque algunos derechos serían irrelevantes para la vida de un animal. Por ejemplo, un perro no tiene interés en votar, por lo cual no tiene derecho al voto, ya que tal derecho tendría tan poco sentido para el perro como para un niño.
“¿En dónde marcaría la diferencia?”
El famoso humanitario Albert Schweitzer, quien a lo largo de su vida consiguió tantas cosas para los humanos y para los animales, se tomaría el tiempo para agacharse y mover una lombriz de la calzada caliente hacia la tierra fresca. Conociendo los problemas y responsabilidades que implica una ética expandida, él dijo que debemos “vivir diariamente de opinión en opinión, decidiendo cada caso como se presenta, tan sabiamente y con tanta compasión como podamos”.
No podemos detener todo el sufrimiento, pero ello no implica que no deberíamos detener ninguno. En el mundo actual, donde las opciones son prácticamente ilimitadas, existen generalmente para la mayoría de nosotros maneras amables y gentiles de alimentarnos, vestirnos, entretenernos y educarnos, en lugar de hacerlo a costa del sacrificio de animales.
“Está bien que usted crea en los derechos del animal, pero usted no debería decirle a otras personas qué es lo que deben hacer”.
Ahora ¡es usted quien me está diciendo lo que tengo que hacer!
Cada uno tiene el derecho a tener sus propias opiniones, pero la libertad de pensamiento no siempre implica la libertad de acción. Usted es libre de creer lo que usted quiera siempre y cuando no lastime a los demás. Usted podrá creer que los animales deben ser sacrificados, que la gente de color debe ser esclavizada o que las mujeres deben ser golpeadas, pero no siempre tiene el derecho de llevar sus creencias a la práctica.
En cuanto a decirle a la gente qué es lo que debe hacer, la sociedad existe para que se establezcan reglas que gobiernen la conducta de la gente. La naturaleza propia de los movimientos reformistas es decirle a los otros qué hacer, por ejemplo: no utilicen humanos como esclavos, no acosen sexualmente a las mujeres, etc.,y todos los movimientos inicialmente encuentran oposición de gente que quiere seguir comportándose de una manera inapropiada.
“Los animales no razonan, no entienden qué son los derechos y no siempre respetan nuestros derechos. Entonces, ¿por qué deberíamos aplicar nuestros conceptos de moralidad para con ellos?”
Porque la incapacidad de un animal para entender y adherirse a nuestras normas es tan irrelevante como aquella incapacidad de un niño o una persona con una incapacidad de desarrollo. Los animales no siempre son capaces de elegir el cambio en su comportamiento, pero los seres humanos tienen la inteligencia para elegir entre un comportamiento que hiere a otros y un comportamiento que no.
“¿Cómo puede justificar destinar su tiempo a los animales cuando hay tanta gente que necesita ayuda?”
Existen muchos problemas serios en el mundo que merecen nuestra atención; la crueldad contra los animales es uno de ellos. Deberíamos tratar de aliviar el sufrimiento siempre que podamos. Ayudar a los animales no es ni más ni menos importante que ayudar a los seres humanos, ambos son importantes. El sufrimiento del animal y el del ser humano están interconectados.
“Los animales no son tan inteligentes o avanzados como los humanos, ¿no?”
Si tener una inteligencia superior no le da el derecho a un humano de maltratar a otro humano para su beneficio, ¿por qué los humanos deberían tener el derecho de maltratar a seres que no son humanos?
Algunos animales son indudablemente más inteligentes, creativos, conscientes, comunicativos y capaces de usar el lenguaje que ciertos humanos, como es el caso del chimpancé comparado con un niño o una persona con una seria incapacidad de desarrollo. ¿Deberían los animales más inteligentes tener más derechos que los humanos menos inteligentes?
“¿Acaso los animales no deben morir en algún momento?”
Los seres humanos también, pero eso no le da a usted el derecho de matarlos o de causarles una vida de sufrimiento.





